INVESTIGACIÓN EN CIENCIAS JURÍDICAS Y SOCIALES  
ÉTICA EN LA GESTIÓN PÚBLICA  
por Nancy Martínez Guillén  
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Introducción  
La corrupción en la sociedad y en los Estados constituye una de las graves  
cuestiones que se plantean en el derecho público. Es indudable que la corrupción  
no es un fenómeno de hoy. Séneca escribió hace muchos siglos que la corrupción  
es un vicio de los hombres, no de los tiempos: “La debilidad humana –afirmaba–  
estará siempre presente entre nosotros; siempre pueden cometerse errores, y el  
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corrupto buscará nuevas vías para jugar con el sistema” .  
Aunque el fenómeno es tan viejo como el hombre mismo, ha sido en los  
últimos tiempos cuando se ha producido una preocupación sobre él, tanto en  
la esfera privada como en la pública, porque la corrupción está estrechamente  
vinculada al poder, a todo poder, al político y al económico.  
Se han multiplicado las normas –estatales, supraestatales y locales–, las  
recomendaciones y los códigos deontológicos, los congresos, las conferencias,  
los foros y las reuniones, y las obras de denuncia, propuestas de medidas para  
tratar y remediar la situación imperante con respecto a la corrupción.  
Como han mermado los valores éticos vigentes en general en cada país,  
hay que redefinirlos. En definitiva, los códigos de Ética se erigen en las nuevas  
normas éticas, lo que se propone son paradigmas de conducta para cada orga-  
nización, los cuales deben constituir la expresión escrita de un ethos que forme  
parte de la cultura corporativa de la organización. Normas que todos deben  
respetar, que deben hacerse cumplir.  
Es en este contexto que ha sido elaborado este trabajo, para analizar la  
problemática de la ausencia de la ética en el accionar de los servidores del Esta-  
do, dejando bien en claro desde el inicio que, al referirnos a la ética en el servicio  
público, es necesario analizar también lo relativo al marco legal, el cual establece  
las responsabilidades de los servidores públicos, regulan la rendición de cuentas,  
la fiscalización y las sanciones ante su incumplimiento, ya que los vacíos legales  
pueden ser fuente de corrupción.  
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Informe Nolan 2006.  
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¿Qué se entiende por Ética Pública?  
Según Cristina Seijo Suárez “Es la ciencia que trata de la moralidad de los  
actos humanos en cuanto realizados por funcionarios públicos. La Ética pública  
es, como la Ética en si misma, una ciencia práctica. Es ciencia porque el estudio  
de la ética para la administración pública incluye principios generales y uni-  
versales sobre la moralidad de los actos humanos realizados por el funcionario  
público o del gestor público”.  
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Conceptos generales sobre Ética  
El término ética tiene su origen en el vocablo de la voz griega “ethos,  
que significa uso o costumbre, se lo usa normalmente como sinónimo de moral,  
cuyo origen es el termino latino ‘mos – moris’, algo perteneciente al carácter de  
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la persona o modo acostumbrado de obrar, acción o costumbre” .  
Cuando emitimos un juicio ético sobre un comportamiento valoramos  
la bondad o maldad de una “acción”, en otras oportunidades lo que juzgamos  
es a la persona que realiza este tipo de acciones y hablamos de “sinvergüenza”  
para calificar a alguien que actúa de mala fe, de “Trepa”, para calificar al que  
busca subir a costa de pisar a los demás, o de “bellísima persona” para expresar  
3
la calidad humana de alguien .  
Así, la ética se refiere a la conducta humana de las personas y a sus ac-  
ciones. Desde otro punto de vista, a un comportamiento se lo califica como  
ético cuando contribuye al desarrollo de las cualidades propias del ser humano  
o cuando lo hace mejor persona. Actuar bien supone que la acción realizada  
edifique al individuo; el bien en sentido ético, es aquello que contribuye a su  
perfección personal desarrollando una dimensión propiamente humana.  
De todo lo mencionado se desprende una primera aproximación a lo que  
es la ética, evidenciándose que la mayor parte de las tradiciones filosóficas y reli-  
giosas establecen como una norma básica o regla de oro de la ética: “haz con los  
demás lo que quisieras que hicieran contigo”. Este principio ético también suele  
ser enunciado en su forma negativa: “no hagas a otros lo que no te gustaría que  
hicieran contigo”. Es decir, toda persona reclama ser tratada como tal pide a los  
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demás “que se pongan en su lugar” .  
2.  
Guillén, Manuel; Ética en las Organizaciones, Construyendo Confianza, 2006, Pearson Educación, S.A., Madrid 2006, p. 3.  
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Cfr. Guillén, Manuel; op. cit., p. 4.  
Ibid.  
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Esta regla de oro se basa en la realidad de que todos los seres humanos  
quieren ser tratados en principio de igualdad, del que todo hombre es digno y  
merecedor. Además, la ética se caracteriza, por un conocimiento teórico y prác-  
tico, no se reduce a un conocimiento acerca de lo que está bien o mal, sino que  
un saber para y un saber desde; un conocimiento para el gobierno o la dirección  
de las propias acciones, que ayuda a todo ser humano a decidir cómo debe  
actuar para desenvolverse con plenitud, algo que todos buscan y que desde la  
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antigüedad clásica, se ha dado en llamarla “felicidad” .  
En el campo de la ética, la excelencia humana y la virtud se convierten en  
sinónimos; ser excelente es igual a ser persona honesta, íntegra, transparente,  
virtuosa; el actuar humano es entendido desde la ética como una tarea de cons-  
trucción personal, de desarrollo creativo, de una vida armónica, con uno mismo  
y con el entorno; tiene como objetivo lograr la excelencia, la mejora permanente,  
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que requiere siempre de un esfuerzo renovado .  
El sendero que persigue la mejora continua es un proceso de aprendizaje  
que se da en todo ser humano desde temprana edad y no termina hasta el final  
de la vida. A la repetición de actos libres (voluntarios) que se convierten en há-  
bitos positivos (como decir la verdad, actuar con justicia u obrar con lealtad) se  
denomina “virtudes éticas”. A su vez, si el hábito es negativo se habla de vicios  
morales (el engaño, la estafa y la humillación).  
En conclusión, se puede colegir que el concepto de ética, en la conciencia  
del común de la gente, es una derivación de las elecciones que lleva a cabo una  
persona y dejan una impronta en su vida. Cuando esta actúa conforme a su con-  
dición humana desarrolla una conducta que es coherente con la ética.  
La virtud, el hábito de hacer el bien, se hallan condicionadas por la actitud  
de buscar el bien, tanto de uno mismo como de los demás.  
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Ética en la función pública  
Muchos autores coinciden que la ética y la integridad son los pilares fun-  
damentales de la función la pública, puesto que garantizan la credibilidad en el  
sistema y legitiman las acciones del gobierno, no pudiéndose concebir la lucha  
contra la corrupción sin un cúmulo de valores pre-establecidos que todos los pro-  
tagonistas conozcan, respeten, promocionen y se permita distinguir claramente  
entre lo que es deseable para el bien común y lo que tan solo causaría beneficio  
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a unos pocos y perjudicaría al resto .  
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7
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Ibid.  
Ibid.  
Cfr. Romero R., Eduardo, Secretario de la Función Pública en México, La Ética en la Función Pública, dedicatoria, 1a.  
de., 2005, México.  
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Ante los requerimientos de la modernización, un buen desempeño del go-  
bierno requiere que el funcionario público sea eficiente y profesional para poder  
responder oportunamente a las necesidades de los usuarios, en este caso los ciu-  
dadanos. La ética y la honestidad de los trabajadores públicos son piezas claves  
para la existencia de un gobierno transparente. La ética no es más una opción  
o gracia del poder, es una condición indispensable si se pretende restablecer la  
confianza plena de la ciudadanía en las instituciones públicas y en la política.  
El análisis de la ética y la transparencia en el plano de la función pública  
radica primordialmente en la transformación de la civilización, en la cual nos  
enfrentamos con la realidad palpable y dolorosa del derrumbe de los valores  
tradicionales de la sociedad, cerrada y rígida pretendiendo de esta manera cons-  
truir una nueva cultura en la que integrarán nuevos valores, puntualmente en el  
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aspecto ético .  
La permanencia de la ética en el servicio público se erige en un elemento  
primordial para cualquier programa de gobierno que implique la moderniza-  
ción de sus sistemas, siendo un factor importante el control de la corrupción,  
estimándose este como un factor de desarrollo y como señal inequívoca de ra-  
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cionabilidad .  
La corrupción en los servidores públicos significa un profundo menosca-  
bo del concepto o del mal concepto de estos ante la ciudadanía, acrecentando la  
desconfianza y el descrédito en el ejercicio de la política, erigiéndose el reclamo  
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ético de la sociedad en cada vez mayores proporciones .  
María Álvarez, en su obra, la corrupción en la función pública, sostiene  
que: “La corrupción en la función pública se la observa como una desviación en  
la conducta de los funcionarios que se apartan de las normas establecidas para  
ponerse al servicio de intereses personales, en casi todas las crisis a nivel polí-  
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tico le suceden una crisis moral originada en la pérdida de referentes éticos” .  
Se delimita como una falta de ética el descuido permanente del requisito  
de la idoneidad -moral y técnica- exigida por mandato de la Constitución para  
el ejercicio del empleo público, que se debe a la falta casi total de mecanismos  
de control y a la desconexión existente entre estos y la sociedad en su conjunto.  
En consecuencia, es la sociedad la que debe velar por la imagen que debe refle-  
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1
1
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Álvarez, María Elena; Ética en la Función Pública, ed. 2005, p.16.  
Cfr. Álvarez, María Elena; op. cit., p. 17.  
0. Ibid.  
1. Ibid.  
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jar los cuerpos directivos, presentándose una barrera difícil de sobrepasar, pues,  
generalmente, los entes de control, es decir, los controlantes, tienen los mismos  
vicios que los controlados.  
Los gobernantes, desde la Administración pública se enfrentan a un reto  
capital: “responder a las demandas sociales con eficacia, manteniendo unos mí-  
nimos niveles de calidad en un contexto de creciente servicio a la gente”. Sin  
embargo, al interior de las organizaciones humanas se hace imperiosa la recupe-  
ración de los valores éticos como referentes de su actuación, las organizaciones  
económicas y políticas son instrumentos al servicio del hombre, así también  
la Administración Pública debe promover los derechos fundamentales y hacer  
posible un ambiente de calidad y eficacia, todo esto dentro del marco de la lega-  
1
2
lidad y del servicio público .  
El servicio al público tiene fundamento constitucional, por lo que debe  
erigirse en una administración pública que presta servicios de calidad y que pro-  
mueve el ejercicio de los derechos fundamentales de los ciudadanos. Cuando  
en la administración pública se oriente esta doble perspectiva, se erige en una  
administración compuesta por personas convencidas de que la calidad de los  
servicios que se brindan tiene mucho que ver con el trabajo bien terminado y que  
es necesario encontrar los intereses legítimos de los ciudadanos en los múltiples  
1
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expedientes que hay que resolver .  
Los principios de ética pública deben ser positivos y capaces de ofrecer la  
responsabilidad de servicio (público) a personas con vocación para gestionar lo  
colectivo. Es por ello que aquellos procesos selectivos que facilitan el ingreso a la  
función pública deben estar sustentados en los principios del mérito y capacidad,  
y no sólo debe supeditarse al simple ingreso, sino enfocarse en hacer carrera en  
el ámbito de la función pública. Esto implica la formación continuada que se  
debe proporcionar a los funcionarios públicos; debe dirigirse a transmitir la idea  
que el trabajo al servicio del sector público debe realizarse con perfección, sobre  
1
4
todo porque se trata de labores realizadas en beneficio de “otros” .  
La formación en ética debe ser un ingrediente imprescindible en los planes  
de capacitación para funcionarios públicos. Debe estar presente en la formación  
continua del funcionario. En la enseñanza de la ética pública debe tenerse pre-  
sente que los conocimientos teóricos de nada sirven si no se interiorizan en la  
1
2. Seijo S., Cristina, y Añez T. Noel, La Gestión Ética en la Administración Pública: Base Fundamental para la Gerencia  
Ética del Desarrollo, Universidad Rafel Belloso Chaccín, centro de Investigación de Ciencias Administrativas y Gerencia-  
les CICAG, Depósito Legal: PPX200102ZU2313 / ISSN:1856-6189. Volumen 4 Edición N.º 2 – Año 2008, p. 14.  
1
1
3. Cfr. Cristina, y Añez T. Noel; op. cit., p.15.  
4. Seijo S., Cristina, y Añez T. Noel; op. cit., p. 14.  
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praxis del empleado público. La conducta de carácter ético debe llevar al funcio-  
nario público a la búsqueda de las fórmulas más eficientes y económicas para  
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llevar a cabo su tarea .  
A esto se suma la necesidad de mayor ejemplaridad de la conducta de los  
directivos, porque los esfuerzos de capacitar con una fuerte perspectiva ética de  
nada sirven si no existen referentes que sustenten con su conducta los postulados  
éticos.  
La actuación conforme al interés público debe ser lo “normal”, lo que im-  
plica que recibir retribuciones distintas a la oficial que se percibe en el organismo  
en que se trabaja no es moral. El funcionario debe actuar siempre como servidor  
público y no debe transmitir información privilegiada o confidencial. El funcio-  
1
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nario, como cualquier otro profesional, debe guardar el silencio de oficio .  
El interés por la cosa pública, en un Estado social y democrático de de-  
recho se sustenta en facilitar a los ciudadanos un conjunto de condiciones que  
haga posible su perfeccionamiento integral y les permitan un ejercicio efectivo  
de todos sus derechos fundamentales. Los funcionarios deben ser conscientes de  
1
7
esa función primordial de los poderes públicos y actuar en consecuencia .  
Las administraciones públicas deben establecer modelos de conducta que  
integren los valores éticos del servicio público en la actuación profesional y en  
las relaciones de los empleados públicos con los ciudadanos, teniendo en cuenta  
valores éticos que han de guiar la actuación profesional de los servidores públi-  
cos, como ser: voluntad de servicio al ciudadano, eficaz utilización de los medios  
públicos, ejercicio indelegable de la responsabilidad, lealtad a la organización,  
búsqueda de la objetividad e imparcialidad administrativa, perfeccionamiento  
1
8
técnico y profesional, entre otros .  
La ética pública supone la enseñanza de un conjunto de conocimientos  
que deben convertirse en un hábito para el funcionario. No se trata de transmitir  
ideas tan interesantes como la lealtad institucional, el principio de igualdad, la  
transparencia, el uso racional de los recursos, la promoción de los derechos fun-  
damentales de los ciudadanos, entre otros; es imprescindible que la actividad del  
funcionario esté presidida por un conjunto de valores humanos que están inse-  
parablemente unidos a la idea del servicio y que facilitan la idea de sensibilidad  
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1
1
1
5. Cfr. Seijo S., Cristina, y Añez T. Noel; op. cit., p. 16.  
6. Ibid.  
7. Ibid.  
8. Ibid.  
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ante lo público, entre lo cual se podría destacar la solidaridad, la magnanimidad  
o la modestia, etc. Se hace necesario que sean los propios empleados públicos los  
que deben asumir internamente los principios éticos y aplicarlos a su actuación  
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profesional y a sus relaciones con los ciudadanos .  
Se vive una contradicción entre la ética personal y la ética social o pública.  
La ética personal se desenvuelve en el marco íntimo del sujeto de sus relaciones in-  
terpersonales, es decir, que cada uno es responsable de sus actos en la medida que  
involucran responsabilidades. Somos responsables de cumplir con nuestras obli-  
gaciones ya sean estas laborales, familiares, fiscales; si no lo hacemos estaremos  
innegablemente en falta y la sanción jurídica o moral hará notar nuestra transgre-  
sión a la norma o a los usos y costumbres. Cuando ese mismo comportamiento  
se traslada del ámbito laboral al social, donde también existen responsabilidades,  
estas presentan las características: son compartidas y mediadas, especialmente en  
el campo social y político, puesto que la persona no es la única responsable del  
resultado final, ya que estos causan consecuencias en la ciudadanía, diezmando de  
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esta manera la confianza en los responsables del servicio público .  
La percepción de la ciudadanía es cada vez más fuerte con referencia a  
la posibilidad de que la ética social se vea amenazada en menoscabo de las lla-  
madas éticas individualistas por una parte y, por otra parte, por todos aquellos  
actos que relativizan la responsabilidad personal al sumergirla en el mundo de  
decisiones compartidas socialmente, de manera que culminan por eludir toda  
responsabilidad ética en sus propias acciones, es decir, disfrazando los intereses  
personales como de interés común y desviando de sí mismos cualquier respon-  
2
1
sabilidad ética social .  
A menudo se presentan dilemas relacionados con la conducta de personas  
que ocupan cargos públicos y protagonizan actos privados (violencia familiar,  
incumplimiento de deberes alimentarios, etc.) que ponen en tela de juicio sus  
conductas éticas, dividiendo la opinión de la ciudadanía en favor o en contra.  
En realidad, se debe tener en cuenta que los valores éticos son universales y la  
conducta individual siempre tiene repercusión en terceros.  
En América Latina, encontramos un reclamo generalizado para que el  
tema ético se discuta abiertamente. El tema de la corrupción trasciende hacia  
1
2
9. Martínez Chávez Víctor Manuel, La ética como factor primordial de la función pública, VIII Congreso Internacional del  
CLAD sobre la Reforma del Estado y de la Administración Pública, Panamá, 28-31 Oct. 2003, ps.1 y ss.  
0. Cfr. Andiñach, Pablo R., Para una Ética en la Función Pública, Invenio, junio, vol. 4 número 006, Universidad del Centro  
Educativo Latinoamericano Rosario, Argentina, Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y  
Portugal, Universidad Autónoma del Estado México, http://redacyc.uaemmex.mx , p.37.  
2
1. Cfr. Andiñach, Pablo R.; op. cit., p. 38.  
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valores y hacia puntos de partida que van más allá del síntoma, para atacar  
directamente las bases sobre las cuales se construye una sociedad. Esa visión  
global de principios como la solidaridad, la equidad, la superación de las discri-  
minaciones, el respeto a la dignidad humana de los desfavorecidos, el respeto a  
las culturas, el respeto al derecho de participar, el derecho a disentir, el derecho  
a la protección de la familia, todo eso forma parte de la temática que estamos  
convocando a debatir cuando hacemos una reflexión ética.  
Se trata de encontrar una moral que no se cierre en sí misma, que no se  
amuralle en el santuario de la conciencia individual, que vaya a la vida pública  
y que socializando sus valores se haga presente en la acción propiamente polí-  
tica, a fin de abatir el fenómeno de la corrupción que cada día permea todos los  
ámbitos del trabajo político y que ha contribuido a agravar las desigualdades, al  
acumular la mayor cantidad de bienes en el menor número de personas.  
5
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Corrupción en la función pública  
La sociedad percibe que es indispensable que todos los servidores públicos  
practiquen los valores de honestidad, generosidad y propósito de servicio. Los  
valores han sido sustituidos por una gran ambición de poder y riqueza y la so-  
ciedad se pregunta: ¿cuál es el fundamento de las cosas buenas y las malas? De  
nuevo cobra vigencia la discusión y se reconoce la dificultad de encontrar para la  
sociedad moderna una fundamentación en los valores morales que concuerden  
con la secularización.  
La necesidad de que la ética se aplique en la vida pública se ha hecho  
apremiante; si bien la corrupción es un problema de los individuos que muestran  
conductas ilícitas, es también el resultado de un sistema, de una sociedad que no  
funciona apropiadamente.  
Ernesto Garzón Valdés, a quien lo cita la autora María Elena Álvarez,  
sostiene cuanto sigue: “El acto o actividad del corrupto requiere, además del  
decisor, la intervención de una o más personas decisorias o no. Es un delito o  
infracción participativo en el que una de las partes intenta influenciar el com-  
portamiento de la otra a través de promesas, amenazas o prestaciones prohibidas  
2
2
por el sistema normativo relevante” .  
Por ello se requiere avanzar en la simplificación administrativa, ya que  
la complejidad y la falta de claridad de la normas son otras de las causas de la  
2
2. Garzón Valdés, Ernesto, “Acerca del concepto de corrupción”, en Francisco J. Laporta y Slivna Álvarez (des), La corrup-  
ción política, Alianza Editorial, Madrid 1997, p.45, citado por Álvarez, María Elena.  
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corrupción. La sencillez de los instrumentos jurídicos permite que éstos sean  
comprensibles para todos y propicia el acercamiento entre la administración y  
los ciudadanos. Cuando las normas son claras es difícil que alguien pueda apelar  
a su desconocimiento o llegue a ejecutarlas en sentido equivocado.  
Sin embargo, es posible entender también la corrupción política en un sen-  
tido más restringido, como el aprovechamiento de un cargo o función pública en  
beneficio de intereses privados, particulares o compartidos. Tal concepto forma  
parte de la inmoralidad política, que es un tipo de desviación de conductas de los  
políticos respecto a determinadas normas morales.  
Corrupción y conflicto han llegado a ser rasgos específicos de los sistemas  
sociales, es decir, la corrupción no es sólo un hecho, sino un proceso histórico  
dentro de un sistema social determinado. Además, la débil legitimidad de institu-  
ciones contribuye a la corrupción. Afecta a la convivencia social, a la seguridad,  
la gobernabilidad; vulnera al Estado de derecho; afecta la credibilidad; inhibe  
las inversiones privadas, nacionales e internacionales. La corrupción repercute  
principalmente en beneficios particulares y merma lo que debía destinarse a la  
2
3
mejora del país en general .  
La falta de congruencia entre los valores constitucionales y las prácticas  
ilegales que redundan en beneficio personal de los servidores públicos, terminan  
por corroer la cultura cívica y por erosionar la legitimidad de los líderes políti-  
2
4
cos, del gobierno, del régimen y de la comunidad nacional misma .  
El Ministerio Público no escapa de ese flagelo, pues en los últimos tiem-  
pos hemos sido testigos de las desviaciones éticas de algunos de sus integrantes,  
quienes cedieron el interés ciudadano ante el interés personal.  
La misión de esta institución es la representación de la sociedad en el ejer-  
cicio de la persecución penal, siendo su objetivo fundamental la investigación de  
los hechos penales, en procura de la condena de aquellos ciudadanos sospecho-  
sos de haber perpetrado hechos punibles. Sin embargo, esa labor no está exenta  
de hechos que involucran a sus funcionarios en acciones ajenas a la ética, como  
las de corrupción en sus distintas expresiones, como los actos de cohecho o pa-  
ralización de la investigación a cambio de dadivas, actos que resultan en el me-  
noscabo de la finalidad de sus funciones y para lo cual son seleccionados como  
representantes de los derechos que la sociedad tiene por mandato constitucional.  
2
2
3. Cfr. Álvarez, María Elena; op. cit., p. 69.  
4. Álvarez, María Elena; op. cit., p. 69.  
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Es la institución responsable de formular la acusación contra las personas  
que perpetran hechos punibles, situación que permite priorizar la importancia  
de delimitar la conducta de sus miembros en el marco de un Código de Ética, en  
el cual se enuncien los principios y valores a seguir en su actuar cotidiano.  
El Ministerio Público se centra en apuntalar el sistema de justicia para  
evitar la impunidad, ya que de la eficacia y eficiencia con que dirija las investiga-  
ciones penales determinarán el éxito o no de su actuar. Es obvio que cuando esta  
tarea se llena de vicios ajenos al ideal de justicia, es que todo el sistema se resien-  
te con sus consecuencias negativas para el ciudadano afectado, y para el país.  
6
.
Implementación de códigos de ética como mecanismos de control  
del comportamiento del servidor público  
Enfrentando los constantes reclamos de la sociedad sobre el actuar ético  
de sus servidores públicos y con el fin de que estos enmarquen sus acciones den-  
tro los principios y valores éticos, los gobiernos del mundo van estructurando sus  
delineamientos normativos, enunciándolos en lo que hoy día conocemos como  
Códigos de Ética o Códigos Éticos, estos son elaborados dando participación a  
diferentes sectores de la sociedad y estableciendo programas que conduzcan a  
obtener los fines deseados.  
Cuando una Administración Pública se halla regida por la ética, estaría  
configurada, desarrollada y unida por un andamiaje de principios, ideas y prác-  
2
5
ticas que guían y conducen como hilo conductor todos sus procesos y acciones .  
La cultura ética, no se halla improvisada, estas son construidas, elabo-  
radas por las personas, las sociedades a lo largo de su historia transmitiendo  
valores, prácticas y sistemas que con la tradición se convierten en cultura, sus  
cimientos se vuelven inquebrantables, hecho este que hace posible que en la ac-  
tualidad se sustenten y recurran, a esa estructura ética como apoyo y punto de  
partida para una reformulación de conceptos éticos, en el presente.  
La enunciación de esa nueva estructura se puede lograr en base a tres  
elementos bien identificados: la prevención, el control y la gestión. La prevención  
debe ser una actividad permanente de toda institución; el control el marco nor-  
mativo al que deberá ajustarse el servidor; la gestión ética en el servicio público,  
que no se obtiene solamente con el control y la re-conducción institucional, se  
2
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requiere integridad y conducta ética del servidor público .  
2
2
5. Cfr. Álvarez, María Elena; op. cit., p. 145.  
6. Ibid.  
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INVESTIGACIÓN EN CIENCIAS JURÍDICAS Y SOCIALES  
Uno de los motivos que impiden una buena gestión ética, puede atribuirse  
a la falta de información y al total desconocimiento que los servidores públicos  
tienen sobre el tema ética pública y la actitud que tienen hacia ella, así como la  
percepción que tienen sobre las consecuencias de su comportamiento, pues si  
ellos no se hallan conscientes de que su comportamiento en todo momento debe  
estar delimitando por estos valores y principios éticos y percatarse de las razones  
por la que sus conductas deben estar sustentados en estos, no habrá punto de  
partida para intentar el cambio hacia una nueva ética pública.  
En el mundo, muchos países están implementando el uso de los códigos  
de conducta, códigos de Ética, cuyo objetivo es regir el actuar de sus servidores  
públicos. Son considerados como instrumentos que pueden complementar o re-  
forzar la infraestructura ética, pues abarca aspectos preventivos, de gestión y de  
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control .  
La formulación de códigos de ética pueden constituirse en un instrumento  
útil como apoyo en este proceso; los mismos son ordenamientos que sin con-  
tener sanciones de carácter vinculante proponen una guía de comportamiento  
para obtener de los servidores públicos un compromiso personal y que, por vo-  
luntad propia, se obliguen a cumplir normas de conducta congruentes con el  
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ideal deseado de servidor público .  
Los códigos de ética en la Administración Pública tienen como objetivo  
impulsar, fortalecer y consolidar una cultura de respeto hacia los más altos va-  
lores en que debe basarse el servicio público. Los códigos de ética pueden ser  
documentos jurídicos o simples declaraciones administrativas, en los que se esta-  
blezcan la calidad y los niveles esperados en el comportamiento de los servidores  
públicos. En ellos se pueden señalar los principios éticos aplicables en general o  
a un departamento u organismo específico.  
Los códigos de ética pueden ser considerados instrumentos de capacita-  
ción no solo para enmarcar el comportamiento del servidor público dentro de  
los valores y principios morales requeridos para formar parte de las instituciones  
públicas, sino para informar e instruir a los ciudadanos comunes cómo debe  
actuar el funcionario público ante cualquier requerimiento de la población. A  
través de estos delineamientos de principios éticos y valores morales se da a  
conocer al ciudadano la opción de elegir a quien les garantice que cumplirán  
con sus exigencias y reclamos y exigir a estos un actuar probo y dentro de los  
parámetros de conducta establecidos para el funcionario público.  
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7. Cfr. Álvarez, María Elena; op. cit., p. 146.  
8. Cfr. Álvarez, María Elena; op. cit., p. 154.  
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De acuerdo a sus características, en la elaboración de los códigos de ética  
deben formar parte quienes los van a aceptar y deben reflejar los valores y ob-  
jetivos del grupo o institución. Cada institución o dependencia tiene objetivos  
y valores expresados en compromisos que los miembros asumen como propios.  
Lo importante es que cada uno de sus integrantes conozca perfectamente cuál  
es el fin que persigue el grupo. La condición más importante para que un código  
de ética cumpla con su objetivo es el compromiso personal y el ejemplo que den  
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los dirigentes .  
Se puede sostener que es de singular importancia que todos los que for-  
man parte del servicio público, se interioricen, conozcan e interpreten el código  
ético, para lo cual deben implementarse programas permanentes de comunica-  
ción, capacitación y asesoría, con el fin de que todos puedan aplicar el código a  
las situaciones a las que se enfrentan diariamente.  
Las normas que regulan la Administración Pública delimitan el compor-  
tamiento del servidor público y ponen límites al quehacer de los funcionarios,  
pero dejan un margen para la toma de decisiones personales. Es aquí donde se  
requiere un serio proceso de reflexión cuando las decisiones pueden beneficiar  
a unos y no a otros, o cuando producen soluciones inmediatas con perjuicios a  
largo o mediano plazo.  
Conforme a todo lo mencionado, se puede decir que un código de ética  
de la función pública consiste en establecer en un documento los principios y  
valores para lograr los objetivos institucionales, sobre la base de un fin específico  
y la persecución del bien común, siendo determinante el compromiso a cumplir  
por parte de los servidores públicos.  
Al referirnos a la ética de la gestión pública, al código de ética deben agre-  
garse las leyes y reglamentos que constituyan la parte prescriptiva de la función  
pública, enunciado las obligaciones, los derechos, las faltas o delitos y las sancio-  
nes inherentes al ejercicio de la gestión pública. Los códigos de ética deben tener  
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una relación vinculatoria con la normativa para la aplicación de sanciones .  
La imperiosa necesidad de que la ética se establezca definitivamente en  
la vida pública se ha hecho presente en todas las etapas de la historia y se ha  
vuelto apremiante en los países más corruptos, según la opinión de organismos  
internacionales.  
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9. Álvarez, María Elena; op. cit., p.155.  
0. Álvarez, María Elena; op. cit., p. 202.  
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Para superar los males del pasado, evitar los del presente y combatir la  
corrupción, no es suficiente el cambio del régimen ni tener un gobierno legal,  
legítimo y honesto; se hace necesario crear incentivos institucionales para que el  
comportamiento ético sea deseable y resulte socialmente más redituable que la  
práctica de la corrupción. Asimismo, urge concienciar a los ciudadanos, modi-  
ficar la naturaleza y la calidad de la clase política, fortalecer la cultura cívica de  
la ciudadanía y ajustar los marcos normativos en todos los niveles de gobierno  
para que ningún acto de corrupción goce de impunidad.  
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.
Conclusión  
De los estudios realizados en materia de ética se concluye que esta no se  
halla presente en la toma de decisiones y en muchas de las actuaciones de los  
funcionarios públicos. Los aspectos en los que más se incurre en faltas a la éti-  
ca en la función pública son: manejo de fondos y de información privilegiada,  
designación de personas no aptas en los puestos públicos, uso de los recursos de  
trabajo para fines personales y uso deficiente del tiempo, sin dejar de mencionar,  
además, que algunos políticos no reflexionan sobre la ética antes de tomar sus  
decisiones.  
La democracia tiene como premisa la autonomía personal y la solidaridad  
social, pero también requiere una base legitimadora de cierta moral, por lo cual  
es necesario precisar en qué debe sustentarse la misma. Ante el crecimiento de  
la corrupción, la cuestión moral vuelve a cobrar actualidad y el reclamo ético de  
la sociedad se convierte en una exigencia inaplazable al constatarse que no basta  
el Estado de Derecho para frenar la impunidad que crece en las instituciones  
públicas.  
La sociedad percibe que es indispensable que los valores de honestidad,  
generosidad y propósito de servicio, sean practicados por todos los servidores  
públicos.  
La necesidad de que la ética se internalice en la vida pública se ha vuelto  
apremiante, si bien la corrupción es un problema de los individuos que muestran  
conductas ilícitas, es también el resultado de un sistema y de una sociedad que  
no funciona en forma apropiada.  
En este orden de ideas se requiere para el buen funcionamiento del estado,  
el estudio, análisis e implementación de los valores y de la ética con referencia  
al servidor público, estableciéndose estándares de comportamiento fundados en  
las buenas costumbres y respeto por la cosa pública. El estado debe ocuparse  
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por orientar y vigilar el actuar de aquellas personas que forman parte de los  
entes públicos, personas destinadas a servir al pueblo y no servirse del pueblo,  
estableciendo paradigmas de conductas a seguir, reconociendo que el funciona-  
rio público de cualquier institución estatal es un servidor para los fines, dudas e  
intereses de la ciudadanía, del pueblo que deposita su confianza en ellos y los  
hace responsables del manejo de la cosa pública.  
Reconocer que el pueblo no puede, ni debe constituirse en mendigo de sus  
derechos, el servidor público debe, en consecuencia, fundar su desenvolvimiento  
en los valores éticos y morales que la sociedad les exige y no dar rienda suelta  
a sus pasiones, buscando ventajas de su posición de empleado público, para de  
esta manera procurar dar satisfacción a sus ambiciones personales y dejar de  
lado para lo que verdaderamente fueron llamados: “el servicio al pueblo”.  
Para llegar a este estadio es necesario orientar y educar al pueblo en el  
concepto de ética pública que permita al servidor público ceñir su actuar de  
acuerdo a los valores morales y éticos libres de vicios, que indefectiblemente se  
hallan estrechamente ligados a los cargos de poder, erigiéndose la ética en un  
sistema de control de los hechos arbitrarios cometidos en persecución del interés  
personal.  
Se puede afirmar que la ética establece cuales son aquellas virtudes y prin-  
cipios dignos de imitar; es una herramienta que cada gobierno puede utilizar  
para establecer delineamientos, patrones que orienten el comportamiento de sus  
servidores a actuar correctamente en cualquier situación  
En acabada síntesis, podemos concluir que atento a los casos de corrup-  
ción que han salido a la luz pública en varias instituciones del estado, los códigos  
de éticas se han erigido en un mecanismo indispensable para el buen ejercicio en  
la función pública, por lo que es atinado propiciar su elaboración e implemen-  
tación para acortar la distancia entre los prestadores de servicios públicos y sus  
usuarios, es decir, la ciudadanía.  
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SEIJO SUÁREZ, Cristina; La gestión ética en la administración pública: base  
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Chacin.  
VANOSSI, Jorge Reinaldo; La corrupción como desviación patológica, que con-  
traviene a la ética pública.  
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