Banca de inversión versus Banca Comercial ¿Un equipo ético?
Pedro Lacasa - pág 119-138
La banca comercial obtiene la mayor parte de sus fondos gracias a operaciones
pasivas como los depósitos a la vista, la apertura de cuentas de ahorro y los
certificados de depósito, en un mecanismo circular en el cual la entidad bancaria
recibe fondos del público y a su vez los debe tener guardados en cantidad suficiente
para atender posibles retiros de depositantes i.e. reservas.
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Ahora bien, sus ingresos provienen en su mayoría, de los intereses que se
perciben en las actividades o productos ofrecidos, además de las otras comisiones
por otros servicios brindados como las transferencias bancarias, fianzas, etc.
Los contratos típicos de la banca comercial son el contrato de cuenta corriente
bancaria, el contrato de depósito bancario, el mutuo bancario, el anticipo bancario, las
operaciones de descuento bancario, el giro y la transferencia bancarias, los créditos
documentarios y las garantías a primer requerimiento, el fideicomiso bancario, el
contrato de custodia en caja fuerte y, obviamente, el contrato de tarjeta de crédito.
En la mayoría de los Estados en vías de desarrollo, la banca comercial
controla la intermediación financiera principalmente por dos motivos: i) los bancos
continúan sacando ventaja a otras entidades en el procesamiento de la información
y en la diversificación del riesgo elementos clave para la intermediación financiera;
ii) muchos de los Estados en vías de desarrollo carecen de las infraestructuras
necesarias para el desarrollo de un mercado de valores que pueda propiciar una real
fuente de financiación alternativa (Jeanneau, 2007).
Elementos distintivos
Como se ha podido observar, no es lo mismo una banca de inversión que
una banca comercial; sus objetos varían sustancialmente, así como varían en sus
productos ofrecidos y en su clientela.
Si bien la banca comercial se ha desplazado de las actividades netamente de
ahorro y crédito y ha migrado a los servicios como las trasferencias electrónicas,
el cobro de servicios públicos, la administración de propiedades y carteras de
valores mobiliarios, etc., todavía apunta esencialmente al público general, mientras
que la banca de inversiones apunta a los inversionistas, corporaciones, entidades
gubernamentales y demás instituciones.
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A diferencia de otras legislaciones civiles y comerciales, el Código Civil Paraguayo no reconoce la reajustabilidad del
dinero [lo cual podría ser visto como una cualidad obsoleta del sistema legal paraguayo], ni de otras previsiones razonables
para determinar una suma de dinero debida; como la redacción del art. 669 del Código Civil Paraguayo es bastante clara, se
hace difícil contemplar en un contrato una cláusula de reajustabilidad del valor de la moneda ni otra previsión razonable; esta
es la razón por la cual, a la luz de la ley paraguaya, no importa qué nombre le otorguen en el contrato bancario: en la práctica,
se tratarán de “intereses legales” siempre [y he ahí la razón por la cual los intereses son tan altos en el mercado paraguayo].
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